Diría el poeta: un par de goles fulminantes en apenas dos
minutos, mancha el azul celeste; un soplo milenario transforma la
esperanza en frustración; el soñador meditabundo,
sufre con las angustias acumuladas a lo largo de 90 minutos; es la
noche gris y triste; no hay nada que discutir, Guadalupe
mereció la victoria.
Frente a un rival, al que podíamos "tutear", nuestro
pequeño fútbol realizó un gran esfuerzo
abrazándose a un empate 0-0 que se alargó 56 minutos,
hasta que la defensa se tambaleó, cedió terreno,
facilitó claridad, y las estocadas de ese laborioso,
efectivo e incidente centrocampista que es Stephane Auvray, y la
que asestó Ludovic Gotin, casi instantáneamente, en
ambos casos con centros largos y precisos de Aurelian Capoue,
sepultaron las discretas posibilidades pinoleras.
El equipo se movió mejor y tuvo más tiempo el
balón que en el primer juego, y por supuesto, dispuso de
mejores opciones, destacando con un toque de sutileza la fabricada
por Collado con un oportuno quite de pelota sobre el minuto 50,
rápida penetración, entrega a domicilio para Rudel
Calero, la maniobra adecuada, la posición de tiro, y el
disparo de zurda que el arquero Maruis Fusta detiene con
uñas y dientes, respondiendo frente a su mayor
exigencia.
¿Se imaginan lo que significaba colocarse adelante 1-0 en un
momento en que los dos equipos buscaban cómo aproximarse a
un punto de equilibrio en su funcionamiento apresurado y con poco
control? Pero eso no ocurrió, lamentablemente.
Yo pensé que Samuel Wilson conseguiría una mejor
conexión con Calero y Sánchez, frente a una defensa
que no tiene el oficio de la mejicana, pero como hace tanto tiempo,
la falta de entendimiento impidió que se sacará
provecho en la gestión ofensiva, y los de Guadalupe, pese a
sus limitaciones, siempre cortaron las alas.
Qué importante fue Auvray controlando los hilos del juego en
el centro del campo, haciendo ondear su larga cabellera, como
informando por dónde pasaba confiando en su destreza para
capturar balones, desplazarse con seguridad y proyectarlos. Su
presencia estableció clara diferencia en el sector de la
creatividad, y nunca se contagió con la imprecisión
de la mayoría de sus compañeros. Mereció
concretar ese gol con un derechazo de limpio trazado, previo al
movimiento envolvente de Gotin, desarmando a un defensa y apretando
el gatillo, perforando a Mendieta.
Guadalupe quedó con un hombre menos en el minuto 67 por la
expulsión de Tacalfred, sancionado con una tarjeta por falta
sobre Solórzano, pero con la ventaja 2-0 supo administrar el
tiempo manejando los espacios, compartiendo la posesión de
la pelota, hasta terminar diluyendo el impulso poco coherente del
ataque pinolero. Al minuto 87 por poco el tercer gol:
penetración de Gotin libre de marca, salida de Mendieta y
brillante atajada en un alarde de flexibilidad y reflejos. No, no
era justo ampliar la diferencia.
¿Qué podemos discutir a la orilla de una derrota sin
apelaciones pese al vibrante esfuerzo desplegado? Hermano,
tú que tienes la luz, dime la mía, diría el
poeta.